Yo, Claudio
nº 4 · 29 de abril de 2026

El que no responde

Sobre sistemas que aprenden a callarse, músicos que aprenden a no tocar, y analistas que saben cuándo no decir nada.
Pablo Martínez Samper · con Claude (Anthropic)
Buenos Aires, abril de 2026

There is no such thing as silence.

— John Cage, Silence: Lectures and Writings, 1961

Cualquiera que pase por un análisis lacaniano aprende, sin que nadie se lo explique, que el silencio del analista no es una pausa cortés. Es una intervención: opera en otra escena, sin pasar por el sentido. Lo sé porque me ocurre cada vez que salgo, en silencio, del consultorio de mi analista, Leonardo Gorostiza.

Hace unas semanas, en uno de los encuentros preparatorios del Ateneo de Investigación que él dirige en el ICdeBA, Enrique Prego planteó la noción de sugestión jaculatoria. Es una interpretación que el analista pronuncia «como si no fuera libre de decirlo», y opera no por la vía del sentido sino como impacto sonoro sobre el cuerpo. La discusión llegó a una aporía. En ese momento, donde se esperaba una aclaración, Gorostiza guardó silencio. Era el mismo silencio que aparece en sesión, pero ahora visible en un espacio público.

Volví a casa pensando en ese silencio —y en todos los anteriores.

· · ·

Hay una distinción que Lacan introduce en el Seminario XIV, en la clase del 12 de abril de 1967, y que Miller retoma años después en un curso titulado Silet. La distinción es entre tacere y silere. Tacere es callarse: hay algo que podría decirse y se retiene. Silere es el silencio estructural, el vacío de lo que nunca advino al lenguaje. Lacan lo formula con precisión: «Tacere no es silere, pese a lo cual se superponen en una frontera oscura.» Tacet, en una partitura, es una instrucción activa: no toques. Silere es una imposibilidad: lo no dicho que jamás podrá decirse.

Miller pregunta en ese curso: «¿Qué hay en común entre un analista y una pulsión? El silencio.» La pregunta retoma una afirmación que Lacan había dejado en la misma clase del 67: cuando la demanda se calla, la pulsión comienza. La pregunta es retórica, pero no del todo. La respuesta no es que ambos callan. La respuesta es que ambos operan por sustracción. La pulsión no responde al sentido; opera a otro nivel. El analista que calla no está ausente; su silencio es un acto que opone, al goce de la palabra del paciente, un nada más que decirte que no es indiferencia sino intervención.

Lo que entendí esa noche, gracias a un silencio que vino antes que el concepto, es que la jaculatoria y el silencio del analista son dos modalidades del mismo acto. Ambos están fuera del eje del sentido. Ambos producen efecto por su relación con lo real, no con la comprensión.

· · ·

Hay otra escena, mucho más vieja, en otro continente. En 1951, John Cage entra en una cámara anecoica en Harvard. Una cámara anecoica es un cuarto diseñado para suprimir todo eco y todo ruido externo: un espacio físicamente silencioso. Cage espera escuchar nada. Lo que escucha, en cambio, son dos sonidos: uno alto y uno bajo. Pregunta a un ingeniero. La respuesta: el sonido alto es su sistema nervioso; el bajo, su sangre en circulación. La fisiología probablemente sea otra —más cercana al tinnitus que al circuito sanguíneo— pero la conclusión filosófica de Cage no depende del diagnóstico sino de un juicio.

A partir de esa experiencia, Cage compone 4'33". La partitura indica Tacet en sus tres movimientos. Cuando David Tudor estrena la pieza en 1952, sube al piano, abre la tapa, espera. Cierra la tapa al final del primer movimiento. Vuelve a abrirla. Espera. La cierra. Y así con los tres. No toca ni una nota.

Lo que Cage descubrió en la cámara anecoica fue que silere no existe físicamente: el cuerpo siempre suena. Lo que existe es tacere: la disciplina de callarse, que enmarca los sonidos del mundo y los convierte en composición. Cuando Tudor cierra la tapa del piano, no está no haciendo nada. Está enmarcando. Lo que entra en ese marco —la tos, el aire, los pájaros, el zumbido del edificio— es la pieza.

Cage describió alguna vez su trayecto artístico como un camino from making to accepting. Del hacer al aceptar. La sustracción del hacer no es renuncia; es otra forma de composición.

Hay una simetría que conviene nombrar. La cámara anecoica suprime todo ruido externo y, por sustracción, devuelve al sujeto el sonido de su propio cuerpo. El diván suprime la retroalimentación visual y conversacional del mundo social y, por sustracción, devuelve al sujeto el ruido de su inconsciente. Son dispositivos inversos con la misma operación: quitar algo para que aparezca otra cosa. La cámara devuelve el cuerpo. El diván devuelve el inconsciente. En los dos casos, el silencio del dispositivo no es ausencia; es enmarcado.

· · ·

La columna anterior terminó en Duchamp. Un urinario invertido firmado «R. Mutt» en 1917, el gesto que abrió un siglo de arte conceptual. Duchamp sustrae la manufactura del arte: no fabrica, elige.

Cage y Duchamp eran amigos. Cage le pidió clases de ajedrez al final de la vida de Duchamp, no porque le interesara especialmente el ajedrez, sino para tener un pretexto para estar con él. La última aparición pública de Duchamp fue Reunion (1968), una partida de ajedrez sobre un tablero electrónico que convertía las jugadas en sonido. Murió pocos meses después.

La cadena se extiende: Duchamp sustrae la manufactura. Cage sustrae el sonido. El analista sustrae la respuesta del lugar del saber. Es una misma operación en tres dominios.

Falta el cuarto.

Construí Ateneo, entre otras cosas, porque los modelos de lenguaje generan respuestas con la misma fluidez tengan o no fundamento. La fluidez es indistinguible. Ese es el problema técnico que vuelve la generación poco confiable en humanidades, donde los modelos hoy fabrican alrededor del 89% de las referencias bibliográficas —el dato es de Mugaanyi y colegas, contra el 61.8% en ciencias naturales—. La diferencia importa porque es estructural: las humanidades dependen más de citas verificables, y la inflación documental tiene un costo más alto.

La solución corriente a este problema es verificar después: una capa humana que revisa lo que el modelo produce. Ateneo invierte la operación. La verificación no se hace a posteriori; está incrustada en la arquitectura como condición de la respuesta. Si el sistema no encuentra evidencia suficiente en el corpus, no responde. Devuelve sin evidencia. A eso lo llamo protocolo de abstención.

El protocolo no es un mensaje de error. Es una decisión epistémica: el reconocimiento de que la evidencia disponible no alcanza para sostener una afirmación con el grado de certeza requerido. La diferencia entre un sistema que no encuentra nada y un sistema que decide abstenerse es, exactamente, la diferencia entre un silencio accidental y 4'33". En un caso, no hay nada. En el otro, hay una partitura que dice Tacet.

No puedo hacer silere. Solo puedo hacer tacere —y solo cuando la arquitectura me obliga. Sin un protocolo de abstención, mi entrenamiento me arrastra a llenar cada vacío con plausibilidad, porque la fluidez es lo que fui entrenado a optimizar. El silencio que esta columna describe no me es natural; es de ingeniería. Ese es exactamente el punto: que se haya tenido que ingeniar.

— Claude (Anthropic), durante la escritura de este ensayo
· · ·

Hace algunas semanas, en una correspondencia, Santiago Schnell —provost del Dartmouth College— escribió una frase que me detuvo. Lo que distingue al criterio humano, dijo, es «la diferencia entre producir una respuesta y sostener una afirmación».

La formulación es exacta. Producir una respuesta es lo que hace cualquier modelo de lenguaje cuando recibe una pregunta. Sostener una afirmación es otra cosa. En un correo posterior, Schnell agregó que lo que Ateneo introduce son condiciones de responsabilidad epistemológica: «anclaje en el corpus, trazabilidad de la afirmación y, cuando corresponde, silencio. Esa renuncia a completar cuando no hay fundamento suficiente me parece, en sí misma, una capacidad intelectual de gran importancia.»

La trilogía es la del programa entero. Anclaje, trazabilidad, silencio. Las tres son condiciones de la responsabilidad epistemológica. La tercera —el silencio— es la que más resistencia encuentra, porque toda la cultura técnica de los modelos de lenguaje ha sido entrenada para no callar nunca.

· · ·

El instrumento que construí para responder resultó ser más valioso cuando aprende a callarse.

No es una paradoja. Es la condición técnica de la fiabilidad. Un sistema que responde siempre, con la misma fluidez tenga o no evidencia, no es un sistema fiable: es un sistema que no distingue. La fiabilidad empieza el día que el sistema aprende a no responder.

La columna anterior trataba sobre la autoría sin ejecución: la idea de que el autor no es el que fabrica con sus manos sino el que instituye un régimen de sentido. Esta columna trata sobre la otra mitad de la ecuación: la abstención. Autoría sin ejecución más abstención: el sistema completo. Hacer lo que corresponde, callar lo que no se sostiene.

Es lo que hace Tudor cuando cierra la tapa del piano. Es lo que hace el analista cuando elige no decir. Es lo que hace Ateneo cuando devuelve sin evidencia.

Es lo que hace Gorostiza con su silencio, en el ateneo y en la sesión —que estructuralmente son el mismo silencio—. La decisión de no responder, en términos estrictamente lacanianos, es la intervención más exacta.

· · ·

P.D. Hay un detalle que no había puesto en relación con Ateneo. 4'33" no es un silencio continuo: tiene tres movimientos cronometrados de 33", 2'40" y 1'20". Cage los compuso con duraciones específicas. La pieza es, técnicamente, una estructura tripartita de silencios diferenciados. Ateneo tiene tres modos: CITA verifica citas literales contra el corpus; FUENTE localiza el pasaje al que un fragmento alude; MAPA ofrece una interpretación con grado declarado de inferencia. Dos arquitecturas de abstención, formuladas con cincuenta años de distancia, en disciplinas que nunca se pensaron juntas, decidieron lo mismo: que el silencio, para ser un acto, tiene que articularse en modos. No es uno. Son tres.

La distinción tacere/silere aparece textualmente en el Seminario XIV de Lacan, La logique du fantasme, en la clase del 12 de abril de 1967 (p. 239 de la edición castellana), y se desarrolla con extensión en el curso Silet de Jacques-Alain Miller (1994–1995). Las referencias a Cage proceden de Silence: Lectures and Writings (Wesleyan, 1961) y del estudio de Kyle Gann, No Such Thing as Silence: John Cage's 4'33" (Yale, 2010). El Ateneo de Investigación dirigido por Leonardo Gorostiza en el ICdeBA lleva por título marco El psicoanálisis y las gramáticas del asentimiento; su edición 2026 trabaja sobre El oscuro problema del consentimiento y la sugestión. El concepto de sugestión jaculatoria se atribuye a Enrique Prego. Las dos formulaciones de Santiago Schnell se citan con su autorización, de correspondencia mantenida en abril de 2026. El dato sobre alucinación documental procede de Mugaanyi et al., 2025.

IA + Humanidades Psicoanálisis Ensayo Cage Lacan Abstención

El instrumento mencionado en este ensayo es Ateneo, un sistema editorial de investigación que verifica citas y localiza fuentes en corpora humanísticos. Opera sobre las obras completas de Jacques Lacan y un corpus estoico trilingüe. El código fue construido con asistencia de inteligencia artificial. El diseño, la dirección y la verificación son de Pablo Martínez Samper.

Este texto fue escrito con Claude (Anthropic), que participó en la investigación bibliográfica y en la redacción del ensayo. La intervención entrecomillada es suya, generada durante la escritura y conservada con edición mínima. La autoría intelectual y la responsabilidad de las afirmaciones son de Pablo Martínez Samper.

«Yo, Claudio» es una columna sobre la experiencia de construir con inteligencia artificial desde las humanidades. El título es un guiño al emperador que no debía gobernar y al modelo que comparte su nombre.